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martes, 19 de marzo de 2013

MISA DEL MINISTERIO PETRINO DEL OBISPO DE ROMA

   El Papa Francisco celebrará este martes la misa de inicio de su pontificado. Será en el Vaticano, y contará con la presencia de decenas de mandatarios políticos de países con población católica, como Argentina (país de origen de la Papa) hasta España, así como otras autoridades religiosas de otros credos.


Escudo Papal: Lo miró con misericordia y lo eligió

El ritual de esta misa de entronización, como también se la conoce, está basada en la reforma del Concilio Vaticano II, pero en ella todavía perviven liturgias y modos milenarios. Oficialmente, según el Vaticano, esta misa se denomina "Inicio del ministerio petrino del obispo de Roma". Estos son los diversos momentos que tendrá la ceremonia.
  • Rezo ante la tumba de San Pedro: Francisco bajará a las Grutas Vaticanas (cripta) para rezar junto con los Patriarcas y arzobispos mayores de las iglesias católicas de rito oriental asistentes ante la Tumba del Apóstol Pedro (en total una decena, de los que cuatro son también cardenales). En el recinto de la tumba de Pedro están ya colocados el palio (estola) y el anillo del Pescador, símbolos del poder pontificio, que serán llevados a la plaza por dos diáconos. Mientras tanto, los cardenales esperan alrededor del Altar de la Confesión, en el centro de la basílica de San Pedro, bajo el que se encuentra la tumba de Pedro. La basílica está vacía.
  • Procesión: Tras el rezo, el Papa, los patriarcas y arzobispos mayores católicos de rito oriental y los cardenales salen en procesión hasta el altar de la plaza de San Pedro, donde se oficia la misa. Salen a la plaza bajo un gran tapiz, colgado del balcón central de la basílica de San Pedro, que representa la pesca milagrosa y en el que aparece Jesús hablando con Pedro. Mientras, se cantan las Laudes Regiae, letanías en honor de Cristo, en las que se resalta en nombre de los papas santos.
  • Imposición del palio: El cardenal protodiácono, el francés Jean Louis Tauran, el mismo que anunció al mundo que la Iglesia tenía nuevo papa el pasado día 13, procede a imponer al papa el Palio, antigua insignia episcopal. Es una estola confeccionada con lana de cordero que simboliza al Salvador, que encontrando al hombre como la oveja descarriada lo carga a sus espaldas. Mide 2,60 metros de largo y 11 centímetros de ancho. Ha sido tejido con lanas de ovejas y corderos y sobre el mismo han sido colocadas cinco cruces rojas, que recuerdan las cinco llagas de Cristo, con alfileres, que recuerdan los clavos de la cruz. Acaba con unos flecos negros, que simboliza la pezuña del cordero.
  • Entrega del Anillo de Pescador: El ritual prevé que lo haga el decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Angelo Sodano. El anillo del Pescador, en plata dorada, lleva inciso al Apóstol Pedro con las llaves y sujetando las redes para pescar. Francisco lo llevará hasta su muerte o renuncia, cuando el camarlengo se lo retire y lo machaque o anule para que nadie pueda usarlo y a la vez para simbolizar el final del Papado.
  • Rito de la Obediencia: Seis cardenales (dos de la orden de los obispos, dos de la de los presbíteros y dos de la de los diáconos) en nombre de los 207 que conforman el Colegio Cardenalicio, le mostrarán obediencia.
  • Comienzo de la misa: La misa, en la festividad de San José, patrón de la Iglesia, la oficia Francisco y la concelebran todos los cardenales. También ofician el secretario del Colegio Cardenalicio, el prepósito de la Compañía de Jesús, el español Adolfo Nicolás, y el General de los Franciscanos, el también español Javier Rodríguez Carballo. Las lecturas se hacen en inglés y español, el Evangelio en griego y la comunión la imparten 500 sacerdotes. Francisco pronuncia la homilía en italiano y no imparte la comunión. Al final de la ceremonia se canta un Te Deum de acción de gracias y no hay ángelus.

jueves, 14 de marzo de 2013

FRANCISCO I, NUEVO SUCESOR DE PEDRO

   Un papa que sonríe, que da las buenas tardes, que hace una broma apenas unos minutos después de recibir el nombramiento de sucesor de Pedro,  que es jesuita como tantos otros que consiguieron hacer caminar de la mano la fe y el conocimiento, que vivía en un apartamento en vez de en un palacio cardenalicio y se montaba en el transporte público para ir a confortar a los enfermos y a los pobres, un papa que hace ocho años pudo serlo y dijo que pase de mí este cáliz, un papa que viene del nuevo mundo, que tiene cara de buena persona y que elige el sencillo nombre de Francisco es una oportunidad a la esperanza.


   El Papa sonreía. Parecía tranquilo. Habló tranquilo. Lo primero que hizo fue dar las buenas tardes. Lo segundo, gastar una broma: "Queridos hermanos y hermanas. Sabéis que el papa es obispo de Roma. Me parece que mis hermanos cardenales han ido a encontrarlo casi al fin del mundo. Pero estamos aquí, y os agradezco la acogida". Ya en ese momento, Jorge Mario Bergoglio, que será Papa bajo el nombre de Francisco, se había ganado a la parroquia. A la suya y a la ajena. A la suya porque estaba aquí, sobre la plaza de San Pedro, saltando de alegría, y a la ajena porque bastaba un vistazo rápido a Twitter para comprobar que muchos de los que hasta hacía un momento bromeaban sobre la relativa importancia del nombre del nuevo Papa —“será un varón, anciano y tal vez católico”— se quedaban impactados ante las buenas maneras, de párroco de pueblo más que de Sumo Pontífice. El primer latinoamericano, el primer jesuita, el primer Francisco.

   Todavía desde el balcón, Francisco quiso hacerse cómplice de la infantería de la Iglesia: "Comenzamos este camino, obispo y pueblo juntos". Hace cuatro años, en octubre de 2009, el cardenal Bergoglio alzó la voz con dureza para criticar al Gobierno argentino y también a la sociedad por no impedir el aumento de la pobreza. Una pobreza que definió como “inmoral, injusta e ilegítima”, impropia de un país tan poderoso. "Los derechos humanos", dijo, "se violan no solo por el terrorismo, la represión y los asesinatos, sino también por estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades".

   Deseamos toda la ayuda de Dios a nuestro nuevo Papa, Francisco I.